jueves, 25 de julio de 2013


¿Qué pasó?

Una mañana laboral tranquila empezaba cuando fui designado a una cobertura del área Judiciales.
 En medio de la vorágine que representa  la rutina en el Palacio de Justicia, se realizaba la audiencia del caso “Campos Mborombi”. Todo transcurría normal en la sala de juicios orales número dos del coloso de mármol, cuando escucho gritos fuera de la sala; eran familiares de víctimas y detenidos  por el caso.

Prestando más atención a la calibración de la cámara que a los retratados, iba fotografiando a los involucrados en dicho reclamo cuando de repente una mirada se clavó entre los cristales de mi Nikon 24-70. Paralizado estaba yo ante la humilde manifestante quien, fijando la mirada al cielo, empezó a derramar lágrimas que cubrieron su rostro. Sin poder reaccionar, comprendí por fin lo que me pasaba. La desesperada mujer me había trasladado su inmensa pregunta: ¿Qué paso en Curuguaty?

 Ya pasaron varios días, pero aún en mi retina sigue nítida y perfecta la imagen contemplada esa mañana, y en mis oídos aún retumba la interrogante: “¿QUE PASÓ EN CURUGUATY?
. La respuesta quizás será una eterna  deuda para los afectados y para el país entero, no sé si la pregunta será respondida, pero mientras, miles de heridas abiertas seguirán sangrando.

lunes, 16 de agosto de 2010


El día de “Juancito”

“Dame mil`i!!!” dice “Juancito” con un tono agresivo y amenazante, yo entiendo su falta de paciencia y frustración, es casi medianoche, hay sensación térmica de 3 grados, el está sin abrigo, y de seguro con mucha hambre, se le nota en la cara; ojos hundidos, mirada perdida, los pies descalzos sobre el frío y cruel asfalto.
Para él es un día tan malo como cualquiera -las arriesgadas piruetas ya no llaman la atención de los clientes- pero, no tiene idea que es una fecha especial, no sabe que hace 141 años, 3500 niños como él, dieron su vida por el país y que desde entonces, cada 16 de agosto se recuerda el día del niño.
Él solo pide un mil`i, quizás para comprar la sustancia maldita que lo aleja de este mundo nefasto y de todo su sufrimiento de frío y hambre, la dosis que lo lleve a otra dimensión en la que no haya que pedir para comer, que lo haga olvidar que no tiene un techo bajo el cual dormir, ni unos padres que lo cobijen cuando le entre el sueño.
Le cuento que es su día, él se ríe irónicamente, “eso es para los ricos, los pobres no tienen niñez”, dice, no encontré respuesta que darle, ante su sonrisa sin sentimiento.
Con la cabeza agacha se aleja, desilusionado por no haber conseguido conmigo su objetivo. Quisiera yo tener la solución para él, y para todos los niños como “Juancito”.
En la Chacarita, los bañados, los asentamientos, las calles y en los lugares más recónditos del interior del país, hay criaturas como él, niños que padecen el abandono; inocentemente, no esperan que las cosas mejoren, solo piden un poco para aguantar un día más. Ellos pelean su propia batalla como lo hicieran sus pares aquel 16 de agosto de 1869, con las mismas penurias, con el mismo objetivo: sobrevivir.
Luego de tomar un par de fotos, como indicaba la orden de cobertura, apagué el flash, guardé la cámara y a paso lento me retiré en medio de la noche pensando en ese otro pedazo de realidad que viven muchos chicos.
“Juancito” seguirá peleando a su manera por las calles, quizás nunca festeje el dia del niño, yo continuare congelando testimonios...

Feliz día del niño!!!

miércoles, 30 de junio de 2010

El tacuarazo

Don Juan se llevaba la mano al corazón con rostro de angustia, “pinta la bruja” repetía una y otra vez con los dedos cruzados, elevando una plegaria a su Dios que parecía sudar en un viejo y gastado rosario que se apretaba a cada rato contra el pecho. Con los ojos cerrados, sin querer ver, esperaba frente a su antiguo televisor el sufrido desenlace.Seis millones de personas con la albirroja puesta compartían los mismos sentimientos que Don Juan: nervios, ansiedad e impaciencia...

A miles de kilómetros, del otro lado del mundo, Óscar René Cardozo Marín de 27 años, oriundo de Juan Eulogio Estigarribia, le ponía pecho voluntariamente a toda la presión. Se desprendió del grupo de compañeros dirigiéndose al punto penal.

Mientras se acercaba al arco parecía que su respiración se serenaba y que el mundo a su alrededor se detenía en ese instante, olvidándose del ruido ensordecedor de las vuvuzelas.

Parecía caminar desconectado, frío, inconsciente de que se aproximaba a un momento cumbre para su carrera y para nuestro país. Le restaban 20 segundos, colocó la Jabulani a doce pasos de la meta con la paciencia de un santo, casi con cariño al balón.

Retrocedió solo lo necesario, lanzó una mirada tranquila directa a los ojos de Eiji Kawashima que transpiraba desesperado. Tomó aire y comenzó la carrera, esperó el primer movimiento del arquero para empujar la pelota suavemente a la esquina derecha, ese corto trayecto pareció interminable, para él, y para todos nosotros. El esférico tocó la red, era el final que hoy da a Paraguay la oportunidad de soñar con
la gloria.


Takuara recuperó el aliento, fundido en el abrazo de sus compañeros besaba la insignia tricolor, mientras una lágrima se mezclaba con el sudor del último segundo que coronó la victoria de la Selección Nacional y su paso histórico a cuartos de final.

Don Juan no lo podía creer, lloraba emocionado, mientras agitaba su bandera en una esquina de la habitación donde tres estrellas de condecoración brillan develando su pasado glorioso; se une desde la distancia a los festejos de los como él héroes nacionales.